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EL DECALOGO DEL MINISTRO PDF Imprimir E-Mail
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escrito por CURIA GENERAL   
jueves, 04 de febrero de 2010
Queridos Hermanos Ministros y Custodios: al final de nuestro encuentro, y teniendo presente algunas cosas que mayormente resonaron durante nuestro encuentro, permitidme que os ofrezca un sencillo “decálogo” del Ministro.
1
. Sed hombres de Dios, dedicando tiempos largos a la oración, pidiendo constantemente al Señor el don de la sabiduría para discernir en toda ocasión según Dios. Recordad: la grey no es vuestra, sino del Señor. Él os la ha confiado. Se hace necesario estar siempre en contacto con Él para apacentar la grey según Dios (cf. 1P 5, 14).

2. Sed hombres de escucha y de diálogo, pues, como indica el mismo término “autoridad”, estáis llamados a hacer crecer, a promover la dignidad de la persona. Escuchar es uno de los ministerios más importantes y sanadores que pueden y deben ejercer los Ministros. Dialogar, por otra parte, es dejarse “atravesar por la palabra del otro”, intentar ponerse en la situación del hermano. Ni la escucha ni el diálogo son estrategias para imponer lo que uno cree o piensa. Son medios necesarios para buscar juntos lo mejor, aún sabiendo que la última palabra la tiene el Ministro (cf. VC 43). Animad a los hermanos a asumir responsabilidades y respetadlas y exigidlas una vez asumidas (cf. El servicio de la autoridad =SA 25a). Promoved, en todo momento una espiritualidad de comunión.

3. Sentiros en camino, mendicantes de sentido, y compañeros de camino de los hermanos que el Señor os ha confiado; cercanos a ellos en todo momento, y pro-vocándoles para pasar de lo bueno a lo mejor, como Jesús hizo con los discípulos de Emaús (cf. Lc 24, 13ss). Garantizad a vuestras fraternidades tiempos y calidad de oración y también de discernimiento. Poned a vuestras Entidades en actitud de discernimiento permanente y de evaluación constante de la vida y misión. Lúcidos, pero también audaces evangélicamente hablando.

4. Sed libres, sirviendo a todos, sin dejaros manipular por ningún grupo de presión, teniendo siempre el Evangelio, la Regla y el bien de los hermanos como “regla” de vuestro comportamiento. Haceros, como Pablo, “todo para todos”. Que nada ni nadie os quite la libertad de actuar según Dios.

5. Sed misericordiosos, como nos lo pide el mismo san Francisco en la Carta a un Ministro (CtaM 7-10), sin abdicar de vuestro servicio de la autoridad (cf. Vita Consecrata =VC 43), recordando, principalmente con el testimonio de vuestra vida, las exigencias del Evangelio y de nuestra forma de vida. No seáis nunca “tiranos”, ni siquiera espiritualmente (cf. 2Cor 2, 24). Desarrollad una pedagogía del perdón. En todo momento sed instrumentos del amor de Dios que acoge, corrige y da siempre una nueva oportunidad a quien yerra o peca (cf. SA d)

6. Sed apasionados por la vida y misión franciscana. Trasmitid, a tiempo y a destiempo, esa pasión a los hermanos. Sembrad con entusiasmo, como si todo dependiese de vosotros, sabiendo que quien hace crecer la semilla es Él (cf. Mc 4, 26ss).
7. Sed centinelas de la mañana. Poned los ojos en el futuro, anticipad el futuro. Para ello afrontad el redimensionamiento de las Entidades en función de la misión y del futuro, hacia el cual nos empuja el Espíritu. Recordad que si bien es verdad que tenemos una gran historia que recordar y transmitir, también es verdad que tenemos una gran historia por delante que hemos de construir (cf. VC 110). Enfrentaros al redimensionamiento de presencias e incluso de Entidades como un momento de gracia pascual, para intentar re-significarnos de un modo más simple y vulnerable, pero también más profético y ciertamente más propio de menores (cf. Portadores del Evangelio =PdE 31). Con sentido de futuro promoved siempre una misión compartida con los laicos (Cf. PdE 25)

8. Sed custodios de esperanza y animadores, sin descuidar el gobierno, infundiendo ánimo y esperanza en el corazón de los hermanos, particularmente en los momentos difíciles. Sed modelos de la grey “en la palabra, en el comportamiento, en la caridad, en la fe, en la pureza…” (1Tim 4, 12). No seáis simples gestores de la rutina. No os resignéis nunca a la mediocridad. Haced memoria constante de las exigencias radicales del Evangelio que hemos prometido “observar fielmente” (2R 1, 1), y de la Regla, médula del Evangelio, que hemos profesado.

9. Sed acompañantes de los hermanos en el camino de la Formación Permanente. Esta tarea aparece hoy como una de las más urgentes para nuestra vida y misión. Sin FP nuestra vida se encaminará hacia un empobrecimiento desolador. Sin FP no es posible una fidelidad creativa, como nos pide la Iglesia y el mundo (cf. VC 37). Por otra parte, sin FP no puede darse una adecuada formación inicial.

10. Trabajad incansablemente por la interprovincialidad, futuro de nuestra Fraternidad universal. Ninguna Entidad, por rica que parezca, puede prescindir de las demás. Superad la mentalidad provincialista y, en todo momento, fomentad la interprovincialidad y el sentido de pertenencia a la Orden (cf. PdE, 31).

Recuerda
1. La autoridad es ante todo autoridad espiritual, puesta al servicio de un proyecto evangélico de vida que los hermanos han de cultivar y que han de trabajar, en primer lugar los ministros.

2. La autoridad en clave evangélica y franciscana se ejerce a través de la obediencia y el servicio: obediencia al Evangelio, servicio a los hermanos y al carisma.

3. La autoridad en clave evangélica y franciscana crea comunión y corresponsabilidad. Para ello el Ministro no puede actuar solo. Aunque a él corresponda, en muchos casos, la última decisión, debe siempre estar dispuesto a escuchar y colaborar, principalmente con su Definitorio. Sólo con estas actitudes puede gestionar adecuadamente el cambio; cambio que comporta no sólo pasar de un punto a otro, sino también establecer procesos, y, sobretodo, tener una visión de futuro.

4. La autoridad nunca puede ejercerse por mezquino afán de ganancias, sino de corazón (cf.1P 5, 14). Esto comporta desinterés, prontitud, serenidad, gratuidad. Las deformaciones producidas por la ambición, la vanidad y por sacar provecho del otro, son siempre una fuerte tentación.

5. Sois Ministros las 24 horas del día. La animación espiritual requiere “una presencia constante, capaz de animar y de proponer, de recordar la razón de ser de la vida consagrada, de ayudar a las personas encomendadas a corresponder con fidelidad siempre renovada a la llamada del Espíritu” (Benedicto XV, 22/V/2006).

6. Ejercer la autoridad en clave evangélica y franciscana no es fácil. El desánimo y el desencanto ante resistencias o ante situaciones que pudieran parecer irresolubles pueden hacer que se presente la tentación de dejar pasar y que lo arregle el que me suceda. Ante estas o semejantes tentaciones hemos de recordar que ser “Ministro” no es un privilegio, sino un servicio. Al mismo tiempo hemos orar insistentemente: “No nos dejes caer en la tentación” (Mt 6, 13).

Hermanos, escuchemos lo que a todos y cada uno de nosotros nos dice el Señor en palabras de Pablo:
“Sed alegres en la esperanza,
fuertes en la tribulación,
perseverantes en la oración,
serviciales en las necesidades de los hermanos” (Rm 12, 12-13)
Fr. José Rodríguez Carballo, ofm
Ministro general
Modificado el ( jueves, 04 de febrero de 2010 )
 
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