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De la provincia
PASCUA DE NTRO. HERMANO FR. PEDRO ESQUIVEL P., OFM | PASCUA DE NTRO. HERMANO FR. PEDRO ESQUIVEL P., OFM |
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| escrito por Abel Perea Ortiz | |
| martes, 15 de diciembre de 2009 | |
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P. Fr. Pedro Esquivel Pérez, OFM
Nació el 10 de mayo de 1938 en la ciudad de Puruándiro, Mich. Sus papás el Dr. Alfonso Esquivel y
Ingresó a la provincia de San Pedro y san Pablo de Michoacán el día 4 de Febrero de 1952 en el Colegio seráfico de Tarandacuao. Comenzó la etapa del noviciado el 09 de mayo de 1957 en el pueblito y recibió el nombre para la vida religiosa de Fr. Jesús. Profesó
solemnemente el 09 de mayo de 1964.
Le tocó un tiempo privilegiado de estudios y de formación, en la recuperación del seminario de Celaya donde se encontraba sólo el comedor y los dormitorios. Tarandacuao estaba en construcción. Era un tiempo de felicidad, de mucha ilusión, ganas de jugar y estudiar, tenía un muy buen equipo de formadores; había muchas competencias tanto en lo intelectual como en las actividades religiosas. Tenía muy buenos compañeros.
Pero también fue una época de sufrimiento porque la vida, en ese entonces era cara; se sufría en cuanto a pobreza y a la alimentación a causa de falta de dinero… aún así, los seminaristas vivían de una manera responsable, estricta y consciente. Su ordenación sacerdotal fue el 02 de febrero de 1965, de ahí lo mandaron dos meses a Morelia. Después de estos meses lo mandaron como Maestro de Filósofos y Teólogos a la casa de El Paso, Texas. En 1967 es enviado a Europa donde recibe la licenciatura de Teología y Liturgia. Para el año de 1969 regresa a El Paso como Profesor de Liturgia y Maestro de Teólogos hasta 1975. En 1971 participa en el Capítulo General de Colombia como secretario y donde se preparó el Capítulo General de Madrid de 1973. En el año de 1975 lo nombran Definidor Provincial, Secretario de Después de ese tiempo fue Guardián del Templo de En el año de 1990 lo nombran Ministro Provincial de la de San Pedro y San Pablo de Michoacán; en 1996 es reelecto por tres años terminando su provincialato en Sus pasatiempos favoritos: la lectura, el beisbol, el fútbol, el básquetbol y la natación.
HOMILÍA
en las exequias de Fr. Pedro Esquivel Pérez, OFM Templo de la Sta. Cruz de Querétaro 15 de noviembre de 2009, a las 14 hs. Pedro, ¿me amas? Señor, tú sabes que te quiero
Cristo Rey del universo, a partir de la celebración litúrgica reciente, nos ha hecho palpable la realidad de su venida, de su Adviento continuo. Ha venido y pedido a la Provincia que, en 3 de los últimos 4 martes, le restituyamos sendos Hermanos, también sacerdotes. Él nos los dio, Él les ha hecho sentir –más y mejor que nunca- sus entrañas trinitarias, para llamarlos y que le respondan definitivamente que sí.
Ellos han sido formas de adviento y de visita de Dios mismo a la Provincia, pues toda cualidad que él pone en cada persona y que es desarrollada y bien utilizada por ésta, se convierte –en rostro de un humano- en manifestación cercana de rostro del mismo Dios, fuente de esa cualidad. Por eso, también hoy, como hice con Fr. Jaime, invito a todos a admirar a la Trinidad que nos dio su cara en la persona de Fr. Pedro. Dios fue para nosotros, en Fr. Pedro, jovialidad, cordialidad, cercanía, cuya fecundidad podemos verla y oírla en la asistencia multitudinaria y afectuosa de Uds. en esta Eucaristía; fue gozo por la propia vocación; alguien sumamente responsable y puntual en los servicios que se le encomendaron a favor de otros (estudios de especialización en Roma, profesor de Liturgia y Maestro de Formación en El Paso, Tex., Secretario Provincial por varios trienios, Responsable del Boletín informativo, Secretario provincial de Formación, Definidor provincial, Ministro provincial, Guardián de este convento, Rector y, finalmente, en los apostolados que tuvo a su cargo). En él, Dios fue siervo bueno y fiel. Durante 6 años que forme con él Equipo Definitorial y muchas veces que lo traté siendo él Ministro provincial, siempre vi que optaba por actuar desde un corazón limpio, pues nunca le vi desear o actuar para hacer mal a otros, a pesar de que muchos lo juzgaban de forma contraria. Vi la kénosis de Cristo, no buscando puestos de honor y sí rehusando varios, entre ellos los de Definidor general y el de ser miembro de algunas comisiones con Obispos, a pesar de que desempeñó los altos oficios recién mencionados. En él, la Trinidad tuvo una gran fe en varios frailes; fe que les impulsó en su vocación particular; lo sé por experiencia. También soportó a varios cuya infidelidad era un peso para él y para la Iglesia, y hasta alguna vez sufrió el ser amenazado de muerte por sicarios molestos por la predicación imprudente de uno de sus Hermanos de Provincia. Vi y vimos en él a Jesucristo amando a su propia Madre, especialmente con la amorosa promoción y apoyo que prestó para la celebración del Cincuentenario de la Coronación pontificia de la V. de El Pueblito en 1996. Personalmente pude ser testigo de la intimidad de ese amor cuando, al llevar sobre sus rodillas –en el automóvil- a la Imagen original de nuestra Reina, él iba estremecido y enternecido de Ella y con Ella. ¿Tuvo errores y hasta pecados? Sí, como todos. Afortunadamente Dios se muestra siempre mucho mejor que nosotros que, al saber de su muerte, tenemos la divina tendencia a ser comprensivos con sus deficiencias. Eso quiero evocar con el texto con el que comencé: Pedro, ¿me amas? Señor, tú sabes que te quiero, ya que este diálogo siempre se da entre el enamorado Dios y una criatura amada a la que le extrae de las entretelas más profundas una declaración de amor. Es diálogo y broche de toda una historia y de una vida dedicada al pastoreo de las ovejas que se le encargaron. Es diálogo que anuncia una forma no deseada de muerte, de una muerte crucificada cabeza abajo, pero que da a la criatura la oportunidad de mostrar, en el final, lo que siempre la inspiró: el servicio y la pasión por Jesucristo y su Iglesia. Si estuvimos deseando que sus últimas enfermedades y tiempos los viviera más junto a nosotros, siendo un hospital donde entregó su espíritu al Padre, como Cristo en la cruz, en este momento sólo podemos decir: así sea, al tiempo que deseamos muy vivamente que disfrute de la reacción divina ante un Señor, tú sabes que te quiero; muy vivamente deseamos que esté encontrando en la Santa Trinidad un Puruándiro, su querida Tierra santa. Pero más que eso, que esté encontrando la parte resucitada, luminosa e indestructible que tiene ya nuestra Provincia en todos los Hermanos que ya están definitivamente en ese trinitario cielo que le ha llamado hoy. Por tanto, gratitud es la esencia de nuestros sentimientos esta tarde. A Dios por haberlo creado, a su familia de sangre –aquí presente y a la que le transmito nuestra palabra de cercanía en nombre mío y de la Provincia- que le dio vida, amor, educación y la fe que le trajo al convento. Gratitud a él que tanto nos transmitió el bien del Sumo y total Bien. Gracias a esta comunidad, gracias a quienes le brindaron ayuda en la enfermedad que lo fue doblando y que afinando en él la imagen a cuya semejanza fue creado. En esta circunstancia quiero que todos recordemos una gran cualidad de nuestra Provincia, manifestada en cientos de casos y de años: el convento es el lugar natural también para vivir nuestras enfermedades y hemos sabido cuidar a la inmensa mayoría nuestros hermanos enfermos. Quien piensa lo contrario, está equivocado. También recordemos que muchas familias nos estiman –cosa que nunca se los agradeceremos lo suficiente-, pero no les pertenecemos, sino sólo a Fr. Pedro, ahora apacienta todavía mejor a las ovejas que Dios te sigue encomendando, y te pido que influyas fuertemente en todos nosotros los frailes, para que nos abramos aún más a la santa operación que tanto estuvo en el pecho y en la vida de Francisco que nos ama, que te ama, al que amaste y desde el cual indefectible ahora nos amas. Te lo pido también para este tu Hermano y servidor que soy de ti, Maestro de siempre.
Fr. Eulalio Gómez Martínez, ofm |
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| Modificado el ( jueves, 24 de diciembre de 2009 ) |
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