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OFM Michoacan

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escrito por Fr. Rubén Tierrablanca, OFM   
miércoles, 16 de diciembre de 2009
¡Hasta pronto, querido Maestro!

“El que pierda su vida por mí y por el evangelio la salavará”
Mc 8,35

                                                                                                                                                                                                    Fr. Rubén Tierrablanca, ofm.
Miren lo que son las cosas: esta mañana, 15 de diciembre en Estambul, durante la misa hice el recuerdo anual del fallecimiento de nuestro recordado hermano Francisco García Tovar, que murió en El Paso, Texas, hace 33 años. Mas no sabía aún que la hermana muerte estaba conduciendo casi contemporáneamente a la eternidad a Fr. Pedro Esquivel Pérez.

En este momento de intenso dolor en el alma, deseo compartir algunos momentos que marcaron mi camino franciscano acompañado por mi maestro y hermano.

Conocí al fogoso profesor de Sagrada Liturgia en 1974, en aquel entonces conservaba el nombre de “Jesús”, la gente le decía Padre Chuy (Shuy). Me llamaba la atención su claridad y contundencia con que nos presentaba los temas de la Eucaristia, tratado de ese ciclo escolar. Fr. Pedro amaba y hacía amar la Eucaristía, de él aprendí a vivir, no otra eucaristía, sino la misma Cena del Señor Jesús. Él mismo ha vivido en plenitud el misterio pascual: lo profundizó, fielmente lo transmitió y lo experimentó hasta sus últimas consecuencias.

Muchos de los hermanos en la provincia lo conocimos en sus diferentes servicios provinciales: Secretario, Definidor, Secretario de Formación, Responsable del Boletín provincial y guardián de las fraternidades de la Santa Cruz de Querétaro y de El Paso, Texas. Y sobre todo, Ministro provincial. También en estos servicios se mostró fogoso e infatigable. Personalmente pude conocer su capacidad de mando, de decisión, y al mismo tiempo su profunda conciencia de ser hermano y de confiar en los hermanos. Algunos lo sentíamos duro porque nos hablaba de frente, pero teníamos la certeza que quedaba claro lo que había dicho.

La Providencia quiso que Fr. Pedro fuera el Secretario de Formación cuando el Definitorio me envió a hacer estudios de especialización a Roma y él me acompañó en el discernimiento para el estudio de la Sagrada Escritura. Estando en los estudios, él mismo trató el asunto con la Curia general cuando fui nombrado vice-rector de estudiantes de nuestro colegio de San Antonio. Y ya como Ministro provincial, se sometió a la obediencia cuando se le pidió que me liberara de los cargos de Definidor provincial y Secretario de Formación y Estudios para volver a Roma como rector de estudiantes. Hoy hago mención de estos hechos, no por lo que yo haya podido hacer en los diferentes servicios, sino para agradecer a nuestro Dios y Padre de las misericordias, por el inapreciable don recibido en nuestro hermano Pedrito.

Yendo de visita a México, procuré ver a mi amigo en cada ocasión. Durante el último Capítulo provincial intermedio tuve la oportunidad de suplir a los hermanos de la comunidad de la Santa Cruz de Querétaro, y pude asistir diariamente a Fr. Pedro llevándole la comunión, y el día domingo pudimos celebrar juntos la Eucaristía. En esa ocasión mi maestro era el concelebrante, la enfermedad ya lo había debilitado. Allí lo vi cargar su cruz y emprender la subida al calvario.

Maestro, quienes te conocimos en tu profundidad recibimos un gran regalo con tu persona y tu testimonio de fe. Tú diste tu vida por Cristo y por tus hermanos, por la Eucaristía y por el Evangelio. Ahora el Señor te ha dado la vida sin fin. ¡Hasta Pronto, mi querido Maestro Pedro!

PS: Cuando Fr. Pedro me pedía noticias para el boletín, me recomendaba de no escribir más de una página. Aprendida la lección, aquí termino.
Modificado el ( miércoles, 16 de diciembre de 2009 )
 
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