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PROMOTORES DE JUSTICIA Y DE PAZ |
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escrito por Fr. Luis Rodolfo Bernal, OFM.
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miércoles, 18 de febrero de 2009 |
PEREGRINOS Y EXTRANJEROS EN ESTE MUNDO
Subsidio sobre el Capítulo IV de las CC.GG.
PROMOTORES DE JUSTICIA Y DE PAZ
Menciono sólo los artículos de las Constituciones Generales que nos invitan a la reflexión:
Art. 68.
1. Vivir como promotores de la justicia y heraldos artífices de la paz venciendo el
mal con el bien.
2. Anunciar de palabra la paz, llevándola profundamente en el corazón, de
modo que a nadie provoquemos ira ó escándalo.
- Art. 69
1. En la defensa de los derechos de los oprimidos, renunciar a la acción violenta.
- 2. Denundiar toda clase de acción bélica y toda carrera de armamentos.
Art. 70
- 1. Ser instrumentos de la reconciliación que Jesucristo consumó en la cruz.
REFLEXIÓN
Francisco nos dice en su Testamento: “ El Señor me reveló que dijésemos este saludo: “El Señor te dé la paz”. Las principales fuentes biográficas de Francisco confirman sus palabras, y nos narran cómo los Hermanos, desde el inicio, usaron este saludo de diversas formas. La leyenda de Perusa y el Espejo de Perfección, unen, además, a la revelación del saludo de la paz, la del nombre de la Orden: Menores. Esto es lo que identifica a los hermanos que se reúnen en torno a Francisco como movimiento. A partir de esto podemos ver cuatro elementos que marcan el estilo con el que San Francisco y sus hermanos se comprendieron a sí mismos: La minoridad, la vida de penitencia, vivir juntos como hermanos y el deseo de la paz. La auténtica novedad de la fraternidad no sólo es la minoridad, sino su especial relación con la paz. Van por el mundo evitando toda contienda (Cf. 1R 11 y 14) y pretendiendo la justicia. Haciendo el bien dondequiera que se encuentren se oponen al mal de las guerras, a las distintas formas de explotación y de marginación, de destrucción y de opresión. En el mundo de hoy, lacerado aún por la guerra y el terrorismo, lleno de injusticias sociales y de hambre, nosotros, Hermanos Menores, debemos hablar claramente de la paz, de modo que impulsemos a trabajar por ella.
Don de la reconciliación
Nuestra misión de paz proviene de la paz de nuestros corazones, y se basa en nuestra propia experiencia de perdón, misericordia y generosidad. Experiencia que nos ha sido dada. De ella obtenemos la fuerza para comprometernos de forma no violenta y amistosa, para alcanzar una mayor justicia en los ambientes de conflicto y opresión. Para comenzar, debemos liberar nuestro corazón de la agresividad, del odio, de los celos, de prejuicios comunes y de odiosos estereotipos. Somos propensos a alimentar los sentimientos negativos, y a menudo dejamos que ellos sean quienes dominen, por causa de las desiluciones y las ofensas que hemos sufrido. Debemos trabajar la raíz de estos sentimientos negativos para sanarnos a nosotros mismos, antes de poder perdonar y promover la paz entre nosotros y en nuestra vida cotidiana. Sólo entonces una vez que hayamos sanado y liberado nuestros corazones de agresividad y de rencor hacia nuestros hermanos y hermanas, tendremos en nosotros la fuerza para hacer el bien. Es importante entonces primero experimentar la reconciliación en nuestros corazones.
Conclusión
Estimados hermanos, la reconciliación es sólo el principio de una serie de temas que iré tratando. Inicio con éste para comenzar a actuar desde nosotros mismos aprovechando que se acerca la cuaresma.
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Modificado el ( miércoles, 18 de febrero de 2009 )
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